Posteado por: mellondeep | 12/11/2011

Las palabras que rellenan el vacío

Siempre he gozado de buena memoria, pero no sé qué será, si ya son demasiadas experiencias en poco tiempo para retenerlas como me gustaría, creo que últimamente mis capacidades en este campo se ven mermadas. O será que me estoy haciendo mayor. Pero como con acontecimientos a corto plazo aún me puedo manejar con cierta solvencia, esto debió de ocurrir hace un par de semanas, una noche de sábado de ésas que mucha gente aprovecha para distraerse a cualquier precio, mientras yo las uso para bucear en mi intimidad y seguir moldeándome algo que se parezca a una identidad.

Llegué a casa a eso de las once, sin nada importante por hacer. Me senté en la cama de la habitación, y procedí a retrasar una hora el reloj digital de la cadena de música. Volvían a ser las diez. Estaba contento por poder sacar una hora más de la nada para mis cosas, y pensaba en que podría invertirla de muchas formas para que me valiese la pena aquel detalle ficticio que, como tantos otros, nos regalan los mercados, sean lo que sean éstos.

Detrás de la cadena de música tengo un espejo. Cuando alcé la mirada vi la figura de un muchacho de veintitantos años, delgado, con gafas y con barba de varios días. Si la memoria no me fallaba, allí estaba yo, y de alguna forma me gustó verme reflejado allí en un momento como aquel.

Además de mis particulares rasgos físicos, hurgando en esa figura que estaba frente al espejo pude divisar muchas más cosas. Mi sobre-exposición a mi misma mirada me permitió poder seguir sacando porquería de dentro de mí, y puede que sea por esto por lo que no conozco a muchas personas capaces de ponerse a hacer lo mismo durante mucho tiempo. Tampoco creo que sea éste el plan que tendrá en mente el personal para una noche de sábado, aunque les regalen una hora; lo contrario quizá explicaría lo de la vieja maldición de los espejos rotos. Sin embargo, vete tú a saber por qué, yo cada día le estoy cogiendo más gustillo a este sano ejercicio de contemplarme, y de sacar conclusiones de ello.

Y es que la contemplación debería ser nuestro estado natural. Aunque si esto fuese así, si nos pasásemos gran parte de nuestra vida contemplando el mundo y lo que ocurre (o no) a nuestro alrededor, seguramente alteraríamos de tal forma nuestra consciencia que iríamos por la calle como si nos hubiésemos comido un par de setas, que yo no las he llegado a probar, pero me han dicho que para esto de colocarse en mayúsculas son cosa fina.

No sé cuánto llegaría a alterar mi consciencia durante aquel rato sentado en la cama frente al espejo, en el cual pude divisar muchos complejos, y muchos prejuicios (que imagino que vendrán a ser lo mismo); algunos quedaron atrás, y otros igual también quedarán atrás un día de estos. Pude divisar los ecos de tanta pereza, de tanta distracción gratuita. De tantas cosas de las que tengo que seguir despegándome, y otras tantas de las que tendré que empezar a despegarme. De tanta adicción a placeres inmediatos que me conducían a ninguna parte, y que he venido arrastrando durante mucho tiempo.

Ah, y el tiempo.

Imagino que cualquier persona que se plantee la cantidad de tiempo que ha podido malgastar a lo largo de su vida terminará sintiéndose como el culo. Es lo normal, y es lo que me pasa a mí a veces. Pero hay algo más.

Sólo hay una forma de no sentirse mal cuando uno piensa en el tiempo perdido, y es, como tantas otras cosas, aprender la lección. Agarrarse a la certeza de que cuando das un paso te espera otro, y luego otro, y luego otro más. Que mientras uno pueda seguir caminando, el único sendero para no volver a lamentarse por el tiempo perdido es el que no tiene fin, y el que mira, básicamente, hacia delante. Esto pasa necesariamente por dejarse la piel, y lo que haga falta, en el intento. Sí, supongo que ésa debe ser la mejor de las soluciones para que eso no me vuelva a ocurrir.

El espejo de mi habitación también me reveló que puede que siempre haya tenido las cosas demasiado claras, cuando en realidad lo que no quería era complicarme la vida. Siempre a lo seguro. Siempre a lo fácil. Instalado en eso que llaman “zona de confort”. Ahora este falso confort se difumina por momentos entre tantas alfombras levantadas, y es entonces cuando más obligado me veo a huir de la polvareda y mirar, de nuevo, hacia delante.

-Puede que tengas un problema -pareció decirme el muchacho de veintitantos, delgado, con gafas y con barba de varios días que me hablaba al otro lado.

Puede que tenga un problema”, me repetí en voz muy baja. Puede que mi problema, paradójicamente, es que la vida aún no me ha dado una buena hostia, de ésas que te giran la cara y te la ponen en el sitio, con los sentidos orientados hacia donde tuvieron que estar orientados siempre. El día que eso ocurra, entonces ese día puede que deje de malgastar el tiempo que creo que aún malgasto, y es por esto que me pregunto si sería conveniente buscar la hostia, a sabiendas de que seguramente me sentará bien.

Pero el chico que estaba frente al espejo también sacó a la luz algo que ya se me ha revelado en más de una ocasión. Apareció en mis ojos un atisbo de miedo. Miedo a esa hostia, y miedo al sufrimiento. Sin embargo, esos mismos ojos también me revelaron que con mucho curro, como el que me estoy pegando, o incluso con más, si bien será muy chungo vencer esos miedos, sí puedo llegar a combatirlos. Aunque esto del miedo bien me merece un capítulo aparte.

Probablemente hayas oído hablar del limbo. Si no es así, deja de leer esto ya mismo y ponte a ver Origen, donde se habla algo del limbo -en plan metafórico, pero al mismo tiempo muy gráfico-, y mucho sobre otras cosas igual o más interesantes. Me resulta un buen símil esto del limbo, porque es ahí precisamente donde me siento en ocasiones como ésta en las que uno parece capaz de verse a sí mismo con tanta perspectiva.

Es una sensación rara. Es como si, por mucho que haya recorrido, siempre volviese al punto de partida, al kilómetro cero. Una y otra vez.

Sé que no estoy sólo, y sin embargo, no me consuela.

Este limbo, o tierra de nada, ni de nadie, o como diablos cada cual lo quiera llamar, quizá sea el hábitat no físico de la especie humana, igual que el estado habitual de nuestra mente es la distracción. Y aquí estamos, tan agustito. Bueno, yo al menos a disgusto no estoy. De hecho a veces hasta me siento lleno. Pero puede que sólo sea la plenitud de lo conocido. El bienestar ante la certeza de lo que uno presupone que sabe, y lo que supone que va a ocurrir. El resto es puro vacío.

Pero el vacío, precisamente por desconocido, puede ser aún más bello. Es la belleza de lo que uno puede rellenar con lo que le plazca. Con reflexiones, por ejemplo. De hecho lo más habitual es rellenar el vacío con cualquier pensamiento.

O con palabras. Palabras que dan forma a conceptos. Conceptos que dan forma a ideas, que se derraman frente a miles de pedazos de cristal. Posiblemente todo esto, una vez más, sólo tenga significado para mí, y es precisamente por eso por lo que de alguna forma me obligo a retenerlo en la memoria, a no dejar que llenen el vacío sólo por unos instantes, para luego difuminarse de nuevo en la inmensidad de una mente distraída.

Porque es cuando uno mira a los ojos al vacío cuando puede empezar a construir de verdad. Porque detrás de las palabras, necesariamente, debe haber algo más. Algo menos volátil.

Porque después de todo esto, sólo puedo seguir pensando en todo lo que me queda por ser y por hacer. Y más me vale, porque esto sí que es cosa mía.

Y es en momentos como éste, cuando a mi alrededor reina otra vez el silencio y releo todo lo escrito en los dos últimos días por enésima vez, cuando diría que me siento de nuevo un poco más fuerte, un poco más consciente, y un poco más capaz, y termino maravillado. Imagino que poco importa si del espejo, si de mis propias palabras, o si de todo lo que se puede llegar a vislumbrar en lo que a veces uno entiende por el vacío.


Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Categorías

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.